El Rescate de nuestra Democracia (Ignacio Camuñas)

Ignacio Camunas

Es imposible sustraerse en estos días al magnetismo y popularidad alcanzada últimamente por la palabra rescate en nuestro país. Todo ello a cuenta de la situación angustiosa de nuestras finanzas públicas y el no menos lamentable estado en que se encuentra una gran parte del sistema financiero español, con las antiguas Cajas de Ahorro a la cabeza.

No trataré, sin embargo hoy, de polemizar sobre si en realidad –técnicamente hablando- hemos sido o no rescatados desde Bruselas para paliar la tensión que se estaba acumulando en nuestro sector financiero. Allá aquellos que prefieran invertir su tiempo en discutir si en realidad son galgos o podencos los fondos que nos llegan desde el exterior. Eso lo dejo para el juego partidista entre Gobierno y Oposición pues el resto de los españoles nos mantenemos como estrictos espectadores sin que la polémica nos apasione y desde luego nos consuele.

Lo cierto es que España finalmente no ha podido digerir por si sola la crisis que atraviesa y ha tenido que pedir ayuda a Bruselas con el visto bueno de Alemania. Todo el mundo sabe que el que ayuda y presta dinero en algo acaba mandando. Me temo que en mucho, más en todo caso que lo que trata de aparentar el que recibe el dinero, esto es el Gobierno español. Pero con eso ya esta dicho todo y no es menester que sigamos enzarzados en la cuestión.

Lo que hoy me importa destacar es otro asunto. Por un lado, el manejo de los tiempos en la resolución de esta clase de crisis, y por otro la naturaleza del problema que se pretende abordar.

Es obvio que el plazo transcurrido desde que se advirtieron los primeros problemas de nuestra economía hasta hoy, ha sido excesivamente largo. Esto es, hemos reaccionado tarde y mal. Como siempre por intereses políticos de partido y por los dichosos egoísmos de la clase política, pues lo que ayer pudiera haberse resuelto con 50 hoy nos va a costar probablemente 500.

El final de etapa de Zapatero negando la crisis y el arranque excesivamente lento y confuso de Rajoy nos han costado a los españoles muchos millones de euros y un descenso notable en nuestro nivel de vida y en nuestro prestigio internacional. La política una vez más, en el fondo, manda y condiciona al final todos los procesos económicos y sociales

Y de política, precisamente, es de lo que querría tratar en estas breves líneas. No es la primea vez que reclamo y llamo la atención sobre la gravedad de la crisis política que atraviesa nuestro país. La urgencia y dramatismo alcanzados por la dimensión de nuestra crisis económica no deja ver a nuestros gobernantes y a una gran mayoría de ciudadanos que la crisis política e institucional que padecemos está condicionando a su vez, la superación de la propia crisis económica .Y es que si maltrechas, en efecto, se encuentran nuestras finanzas no es menos cierto que asimismo España afronta una crisis institucional sin precedentes. Detengámonos pues, por un instante, en lo que me parece más sustancial y necesario resaltar en estos momentos.

El funcionamiento del Tribunal Constitucional – ayuno por desgracia de prestigio y respeto y sobrado de ingerencias partidistas- resulta en el mejor de los casos manifiestamente mejorable. El propio Consejo del Poder Judicial anda a la greña y preso de banderías políticas con un Presidente sometido a una campaña de desprestigio que parece haberse ganado a pulso.

La situación de nuestras Comunidades Autónomas ,por otra parte , no puede ser más preocupante. El despilfarro y la bajísima calidad de sus gobiernos respectivos no aventuran ciertamente un futuro esperanzador. Además la corrupción alcanza a todos los partidos con responsabilidades de gobierno y es precisamente en la mayoría de Autonomías donde se han conocido los casos más flagrantes y escandalosos en estos últimos tiempos.

Los órganos de control y vigilancia dela Administración Central, tan esenciales en todo régimen democrático, no funcionan como sería de desear porque carecen de la independencia  y el rigor debidos. Lo sucedido en el Banco de España últimamente pone de manifiesto que los mencionados órganos de control son en buena parte responsables de lo que está ocurriendo. Por no hablar de RTVE , nuevamente bajo los auspicios y directrices del Gobierno de turno, como viene siendo habitual desde tiempo indefinido.

A esta preocupante situación hay que añadir el que de vez en cuando tenemos que soportar chantajes y amenazas de los sectores nacionalistas radicados en Cataluña y el País Vasco que como es natural debilitan a nuestro país y generan desconcierto y pérdida de influencia en nuestras relaciones exteriores.

Por otra parte y como viene siendo recogido en la mayoría de las encuestas que conocemos, la desafección hacia la clase política sigue creciendo, mientras el Gobierno actual pierde por momentos, apoyo y popularidad y la Oposición no puede de hecho comparecer porque es presa de su fracaso manifiesto a lo largo de la gobernación de los últimos ocho años.

No creo exagerar al describir la situación tal cual me parece ser. Me llena de tristeza, por tanto, el contenido de este artículo que no desearía haberlo escrito nunca. Pero es necesario reconocer la realidad, enfrentarnos  crudamente a ella y no seguir por mucho tiempo ignorando lo que está ocurriendo.

Así como para resolver la angustiosa situación económica que padecemos , hemos encontrado la ayuda de nuestros socios europeos –aunque sea a un enorme precio- para superar la crisis política e institucional que denunciamos, nadie nos va a poder ayudar, sino nosotros mismos, y siempre que acertemos a tomar las medidas necesarias para superar las deficiencias y errores que hemos venido acumulando.

Necesitamos, muy en primer lugar, abrir un debate sincero sobre la viabilidad de nuestro actual Estado Autonómico que es caro, complejo y confuso por la ingente y contradictoria  capacidad legislativa que despliega que desorienta en gran medida a los ciudadanos, cuando no causa agravios comparativos entre los mismos. Además de todo ello resulta políticamente insoportable  contemplar la deslealtad de los partidos nacionalistas que amenazan de continuo con romper la unidad de España sin que el Gobierno de la Nación tome las medidas necesarias y oportunas.

Precisamos asimismo renovar una clase política que se manifiesta incapaz de afrontar con decisión la situación que estamos describiendo. La reforma dela Ley Electoral, en este sentido, puede ser la pieza clave para conseguir dicha renovación y facilitar al mismo tiempo la debida conexión entre representantes y representados que hoy se encuentra tan deteriorada. Por otra parte, la financiación de los partidos debe ser pensada de nuevo pues en la actualidad nuestros partidos viven cómodamente a expensas del Estado y encima mantienen una total y absoluta falta de transparencia y control en el desempeño de sus actividades. Pero con ser todo esto muy penoso es todavía más grave comprobar cómo los partidos tratan de acaparar y condicionar desconsideradamente cualquier manifestación o movimiento de la vida social, económica y cultural.  Todo ello ocasiona el que la partitocracia que hoy impera en España esté devorando a la propia democracia, falseándola y desprestigiándola injustamente.

Es urgente también abordar la despolitización de la Justicia, de tal forma que los partidos dejen de condicionar el funcionamiento de los órganos de gobierno dela misma. Quizáesto esté permitiendo que los corruptos y los defraudadores, con anclajes poderosos en los partidos, consigan a través de cien mil subterfugios quedar tantas veces impunes, amén de que en este país nadie devuelve un euro del capital obtenido indebidamente, a pesar de haber sido condenados.

Es la hora pues dela Sociedad Civil porque los partidos y la clase política han puesto ya de manifiesto su incapacidad y nula voluntad parala Reforma. La SociedadCivil que debe articularse debidamente, tiene que alertar ala Opinión Públicasobre los problemas reales y acuciantes del país y proceder en consecuencia a ofrecer alternativas válidas y medidas concretas que busquen resolver de la mejor forma posible la situación que denuncia. Tratemos de conseguir, en fin, quela Sociedad Civil  abandone su tradicional pasividad y pierda el miedo, poniendo el coraje necesario para tratar de revertir la situación.

El tiempo apremia y si no hacemos nada para remediarlo, un día también estallará la burbuja política con la que venimos conviviendo. Como hemos visto en estos días en el tratamiento de la crisis económica, cuanto mas tardemos en abordar las reformas políticas profundas que el país necesita, más precio tendremos que pagar por el rescate de nuestra democracia.

No hay tiempo que perder.

Ignacio Camuñas es Presidente del Foro de la Sociedad Civil

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