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La unidad de España se respeta, se cuida, se defiende y no se negocia

Es un hecho incontestable que los nacionalismos y los independentismos, tanto en el País Vasco como en Cataluña, han crecido extraordinariamente desde 1978, cuando se aprobó por inmensa mayoría la Constitución. También es innegable que, durante todo el tiempo transcurrido desde entonces hasta hoy, el Gobierno de la nación ha estado siempre en manos del PSOE o del PP, partidos que han tenido a gala la defensa de la unidad de España y de su Constitución. Parece lógico a la vista de esta evolución preguntarse cuáles son las causas de un cambio tan notable que está creando una inestabilidad de imprevisibles consecuencias.

El análisis de esas causas aparentemente puede ser muy complejo, pero quizás lo simplifiquemos notablemente si fijamos nuestra atención en algunos ejemplos que ponen de manifiesto una permanente actitud de los Gobiernos del Estado de manifiesta debilidad ante los Gobiernos de las autonomías vasca y catalana.

Un documentado y concienzudo estudio realizado por el prestigioso economista Ángel de la Fuente titulado ¿Está bien calculado el Cupo? pone de manifiesto que, en el año 2002, la cifra que se negoció, de acuerdo con la Ley del Cupo, y que debía pagar el Gobierno vasco al Estado español, fue por lo menos 2.800 millones de euros inferior a la que debía haber sido, y en 2007 (el cálculo se hace quinquenalmente), otra vez inferior en casi 4.500 millones.

Esta actitud de cesión permanente ha sido, desgraciadamente, la que ha presidido todas las llamadas negociaciones que, en aras a una pretendida actitud dialogante, nos han llevado a concesiones de todo tipo que, lejos de servir para alcanzar una estabilidad razonable, sólo han servido para que nacionalistas e independentistas aumenten constantemente su numero y sus pretensiones. Ésta es una afirmación basada en hechos objetivos que sólo pueden negar los que niegan la evidencia.

¿Por qué los dos grandes partidos son los directos responsables de esta permanente política de cesiones? Simplemente porque necesitaban los votos de unos u otros para sacar adelante sus leyes o para mantenerse en el poder.

Ya es hora de decir con claridad que los auténticos responsables del extraordinario crecimiento de los nacionalismos son los dos grandes partidos de este país que, olvidando sus principios, han puesto constantemente la negociación con las autonomías independentistas al servicio de su ambición de poder.

Parece que, en aras a un pretendido espíritu de diálogo, se va a iniciar un nuevo capítulo de este desafortunado proceso, dialogando con quienes abiertamente sólo aparentan hacerlo para seguir mostrando la debilidad de un Gobierno que afirma, una y otra vez, que es el Gobierno de España, aunque ni su bandera ni sus leyes ni su lengua ni su autoridad son respetadas en esos territorios. ¿Aprenderemos la lección alguna vez?

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