Razón de ser
Ejes del proyecto

1. La situación que atraviesa nuestro país es seria y complicada por la acumulación de factores de orden político, económico y social. Por otra parte, la coyuntura internacional que se avizora no nos es tan favorable como lo fue durante la etapa de la Transición.

2. Se empieza a observar una distancia excesiva entre la llamada España oficial y la España real en términos que resultan preocupantes.

3. La capacidad de renovación de la vida política es escasa por cuanto que existen multitud de condicionantes que no facilitan la regeneración de la clase política mientras se mantengan las presentes reglas de juego.

4. Sólo es posible imaginar un cambio en la presente situación, si desde la sociedad civil convenientemente organizada, se promueve una profunda transformación de las condiciones imperantes.

5. Dentro de la sociedad, los intelectuales, los profesores universitarios y los profesionales de diferentes ámbitos tienen una especial responsabilidad a la hora de analizar y proponer las reformas que la vida política española necesita. A esta capa dirigente de la sociedad se dirige prioritariamente esta propuesta.




Declaración de principios

El Foro de la Sociedad Civil que se proyecta debe convertirse con el tiempo en:
  • un foro abierto al talento,
  • partidario decidido del debate,
  • polo de atracción de la inteligencia crítica,
  • lugar para el despliegue de proyectos y
  • promotor, en fin, de las ideas y la innovación.
Estamos convencidos de que un país es más próspero y estable, crece más y es más solidario, no sólo cuando cuenta con un Estado de Derecho plenamente consolidado, sino cuando posee, a su vez, una Sociedad Civil que se manifiesta participativa y coresponsable del devenir de la vida pública y colectiva.



Preámbulo  [ Ir arriba ]

Una vez más, como en otras etapas de la reciente historia española, se podría decir que existe un creciente divorcio entre lo que piensa la España real –la España de los ciudadanos, la gran mayoría de la sociedad española– y lo que acontece y se escucha a diario en los cuarteles generales de la España oficial –los partidos políticos, las Cortes Generales y los Gobiernos de las Autonomías– todo lo cual está produciendo una muy acusada confusión y no poca desazón y desaliento.

Así, y para poner sólo algunos ejemplos, nadie dudaría que la inmensa mayoría de los españoles apoya sin reservas, la unidad de la Nación Española, mientras que en muchas instancias de la vida política oficial se juega frívolamente con el concepto de nación e, incluso, se tolera que algunas autoridades del Estado propongan abiertamente la autodeterminación y, en definitiva, un derecho de secesión que viola la Constitución de manera manifiesta.

Por otro lado, es fácil presumir y resulta de sentido común que el español sea y siga siendo la lengua de entendimiento y de general utilización por todos los españoles en cualquier parte del territorio nacional y que, por lógica, la educación en castellano se pueda realizar en cualquier colegio o instituto de nuestro país sin reserva ni dificultad alguna. Y otro tanto cabría decir del estudio de la historia de España que no se debería cursar de diecisiete formas diferentes según la Comunidad Autónoma en que el alumno resida.

Y continuando con nuestro enunciado se puede afirmar asimismo que los desprecios y las quemas de la bandera nacional producen un rechazo total por parte de los ciudadanos, mientras que en las altas instancias del Estado no se toman las medidas necesarias para hacer frente a este continuo desafío.

La apropiación e intento de patrimonialización regional de las cuencas fluviales constituye otro muy significativo ejemplo de lo que acontece. Unas camarillas de políticos en busca de votos deciden un día apoderarse de los caudales del río que atraviesa su región produciendo el consabido perjuicio para un uso racional del agua por parte de todos los ciudadanos y tampoco desde las instancias políticas se pone coto a tan ridícula pretensión. Y, así, podríamos seguir enumerando muchas otras irregularidades que se dan en la vida española, sin que la clase política reaccione de la forma debida como sería de desear.

En otro orden de consideraciones, y si se consultara abiertamente al país sobre qué tipo de representación política prefiere, se comprobaría muy pronto que más del 90% de los votantes no están de acuerdo con tener que elegir a unos Diputados y Senadores que en la mayoría de los casos desconoce y que han llegado a su actual posición en virtud de una designación digital por parte de los jefes de su partido.

Y si ahora cambiáramos de escenario y nos trasladáramos al mundo económico podríamos comprobar que también una gran parte de nuestra sociedad querría exigir a la clase política el mismo nivel de responsabilidad que se impone a los dirigentes de las empresas en la administración de los recursos que se les confían.

¿Dónde está la responsabilidad patrimonial de los políticos cuando toman decisiones que causan enormes pérdidas a las arcas del Estado? y ¿quién exige responsabilidad a los políticos cuando las obras faraónicas que emprenden –a veces buscando exclusivamente el favor electoral– cuestan el doble o el triple de lo presupuestado? ¿Por qué los dirigentes que malversan los bienes de una compañía pueden ir a la cárcel y los políticos jamás se hacen responsables de sus actos en el ejercicio de sus funciones?

Y una vez más, podríamos seguir enumerando, una tras otra, cuestiones que se contemplan con inusitada claridad y que, sin embargo, desde la España oficial no encuentran, de ordinario, la oportuna respuesta.

De nuevo, habrá que insistir, pues, en que es necesario acortar y no distanciar en demasía las aspiraciones de la España real respecto de la España oficial para que la brecha que estamos poniendo de manifiesto no se convierta en una auténtica sima.

Pero, desgraciadamente, no es fácil que este distanciamiento se revierta por las circunstancias que la actual situación encierra. La inercia lleva a pensar a los políticos que, a pesar de todo y al final, nunca pasa nada. Mientras tanto, el desánimo y el descrédito acerca de la política y los políticos va en aumento lo que constituye una verdadera desgracia porque necesitamos naturalmente de ellos y de este modo la desilusión tiende a crecer y la credibilidad de las instituciones por lógica a disminuir, mientras una cierta sensación de impotencia parece apoderarse de la sociedad.

Y ésta es, precisamente, la situación que hace posible que la sociedad intervenga y haga oír su voz pues no se debe asistir a este estado de cosas con los brazos cruzados, esperando como siempre que otros vengan a arreglarlo. Es necesario, en este sentido, un cambio de actitud que debería ser propiciado y estimulado, de manera primordial, por aquellos sectores que por su posición de privilegio tienen mayor capacidad para tratar de enderezar la situación: intelectuales, profesores universitarios y profesionales de prestigio y reconocida valía, entre otros.

La ilusión y la esperanza con que el nuevo Régimen Democrático fue alumbrado a mediados de los años 70, han perdido vigor y se empieza a detectar ya un serio malestar en amplias capas de nuestra sociedad. Y así no deberíamos seguir. En el horizonte inmediato se vislumbran algunas amenazas para la convivencia nacional que conviene tomar en consideración. El soporte y la ayuda internacional que en otros tiempos tuvimos para el proceso de transición política en nuestro país, se nos antoja, en estos momentos, de dudosa fiabilidad. Es, por tanto, más necesario que nunca que encaremos esta incitante etapa de la vida española con el sentido de responsabilidad y compromiso que las circunstancias demandan.

Existen energías suficientes en nuestro país para abordar con garantía y esperanza la presente situación. Se trata de movilizar a la propia sociedad y, fundamentalmente, a la clase dirigente de la misma para que desempeñe el papel que le corresponde.

En la actualidad, la clase política es víctima de unas reglas de organización y funcionamiento que no favorecen la competitividad y el progreso de ella misma y que hacen especialmente difícil su propia regeneración y saneamiento. La escasa democracia interna existente en los partidos; las listas electorales cerradas y bloqueadas; un Poder Legislativo a merced del Poder Ejecutivo y la evidente dificultad para la emergencia de nuevas formaciones políticas –por las dificultades para acceder a los medios de comunicación y para obtener fuentes de financiación suficientes– dificultan sobremanera que se pueda conseguir un avance y mejora del proceder de la clase política en la actualidad. De forma creciente, los políticos se van convirtiendo en dóciles empleados de los partidos, más preocupados, a veces, por la conservación de sus puestos de trabajo que por el bienestar real de la Nación.

La regeneración política y el aire fresco o viene desde la propia sociedad o no llegará nunca. Por todo ello, la sociedad española tiene la palabra.




  Propuesta  [ Ir arriba ]
1. Razón de ser del Foro

Para la explicación y justificación de la iniciativa y propuesta que en este papel pretendemos presentar, recurrimos, intencionadamente, al testimonio del Profesor Víctor Pérez-Díaz –uno de los pioneros y más destacados intelectuales que mayor atención han prestado al desarrollo de la idea de Sociedad Civil en nuestro país– expuesto en una reciente intervención ante un destacado colectivo del mundo empresarial español.

En su propuesta, el Profesor Pérez–Díaz, señala con sumo acierto los objetivos que debe cumplir la Sociedad Civil en nuestro país, si queremos conseguir la plena consolidación de la vida democrática en España, sometida de forma creciente a numerosos retos y desafíos a los que conviene enfrentarse sin más dilación, so pena de incurrir en una grave responsabilidad cara al futuro.

Y, así, comienza diciendo el Profesor Pérez–Díaz:
“La clase política del franquismo, los cesaristas de entonces, a lo largo de cuarenta cumplidos años, acostumbraron a la sociedad, por un lado, a la pasividad respecto a la cosa pública y la deferencia a los políticos de turno y, por otro, a la búsqueda de sus arreglos, asegurándose la supervivencia y procurando el avance de sus intereses.”

Y, continúa afirmando el mencionado Profesor:
“Desgraciadamente, las clases políticas de la democracia, a lo largo de treinta años, no menos complicados, lo que han hecho y están haciendo es acostumbrarse a vivir, dando por descontado nuestra pasividad cívica, a la hora de resolver los problemas del país.”

Para acabar subrayando:
“Si los ciudadanos soberanos nos reducimos a ser meros votantes y nuestra participación en la cosa pública se reduce a poco más que votar, nuestra virtud cívica se atrofia y desaparece. Este país tiene problemas enormes e intrincados, urgentes y crecientes que requieren inexcusablemente ser abordados por la sociedad entera con los ciudadanos primero y los políticos profesionales detrás”.

Y concluye de esta manera:
“Sin embargo, no exhorto a rebelión alguna de la sociedad contra la clase política. Recomiendo, no obstante, una renegociación de las relaciones entre ella y la sociedad. Pero, naturalmente, esta recomendación sólo puede llevarse a efecto si la sociedad desarrolla su voluntad y su capacidad para asumir su responsabilidad en los asuntos comunes.
Podremos, por fin, resolver nuestros problemas si la sociedad recapacita, cobra confianza en sí misma y no cae en la tentación de traicionarse a sí misma y de convertirse en una sociedad de cortesanos que piden permiso a los políticos para tomar iniciativas y llevarlas a cabo pendientes de un favor, un subsidio o un visto bueno.”


2. Un primer inventario sobre algunos de los principales problemas que debe afrontar nuestro país en un próximo futuro

Trataremos a continuación de explicitar, de forma sucinta y resumida, algunas de las más importantes cuestiones que el Foro de la Sociedad Civil debería incorporar a su Agenda de Trabajo, una vez concluida su etapa inicial de organización y primer establecimiento.

1. El clima de diálogo y consenso en lo fundamental, que estuvo presente en toda la etapa de la Transición, e incluso en años posteriores, se ha visto bruscamente interrumpido en la hora actual y se nos antoja imprescindible alentar desde la sociedad a los actores de la política activa en nuestro país para que encuentren de nuevo el camino que propicie una inteligente colaboración en los asuntos de Estado.

2. Fruto quizá, entre otras causas, de lo que hemos señalado en el apartado anterior, podemos detectar el que es posiblemente el principal problema de orden político y constitucional al que hacer frente en los tiempos venideros. Nos referimos al embate de los partidos nacionalistas en favor de la independencia de Cataluña y el País Vasco, en un proceso de radicalización creciente al que conviene hacer frente antes de que la situación llegue a causar males mayores y consecuencias indeseadas. No conviene olvidar, a este respecto, la amenaza siempre presente del terrorismo etarra y la falta de auténtica libertad en el País Vasco para el desenvolvimiento de una vida política digna de tal nombre. Creemos, honradamente que en la legislatura que ahora finaliza, la cuestión se ha agravado en grado sumo, lo que hace impensable que el problema pueda solucionarse si no se toma una valiente iniciativa política que revierta definitivamente la situación.

3. El proceso inaugurado con el nuevo Estatuto de Cataluña – de fatal contagio en otras Comunidades Autónomas– de no encauzarse debidamente, corre el peligro de producir, de facto, una reforma de la Constitución encubierta sin que se respete el modelo establecido por la propia Constitución a este respecto y, en todo caso, obviando la participación del pueblo español en su conjunto. España no puede seguir permitiendo la continua elevación de techos competenciales por parte de las Comunidades Autónomas porque ese proceso, de no remitir, conlleva la destrucción de la propia España plasmada en nuestra Constitución.

4. La independencia del Poder Judicial y, en consecuencia, el prestigio de la Justicia, ha descendido de forma alarmante siendo urgente restituir el crédito perdido para afianzar el Estado de Derecho que proclama nuestra Constitución.

5. El muy reciente cambio de coyuntura económica que estamos viviendo a escala mundial deja al desnudo alguna de las deficiencias más graves de nuestro actual crecimiento económico cuyo problema más acuciante es una pérdida manifiesta de competitividad agravada por el fenómeno de la globalización que exige a todas luces revisar en profundidad el modelo de crecimiento económico que ha estado en vigor en las últimas décadas.

6. No podemos dejar de mencionar, por último, una cuestión que hunde sus raíces en décadas pasadas pero que está manifestándose con una virulencia creciente en estos últimos tiempos.
Nos referimos al progresivo debilitamiento de la sociedad española que tiene, a su vez, distintas causas que de forma esquemática pasamos a enunciar:
  1. Acusado descenso de la tasa de natalidad y creciente envejecimiento de la población activa con las consecuencias económicas y sociales que ello acarrea.

  2. Crecimiento acelerado, a su vez, de población inmigratoria con los conflictos potenciales de carácter social y cultural que toda inmigración lleva implícita y que requerirá de una política activa para encauzar esta nueva realidad, política de la que todavía hoy carecemos.

  3. Deterioro del clima moral imperante en donde los valores del esfuerzo y el sacrificio se ven sustituidos por unos contravalores de fácil circulación que apelan al disfrute continuo, el placer inmediato y la falta de disciplina social junto a la manifestación de una cultura que exalta la libertad sin exigir como contrapartida la debida responsabilidad.

  4. La baja calidad del sistema educativo de nuestro país en relación con los países de nuestro entorno, hace figurar a España en una posición en las evaluaciones periódicas de los Organismos Internacionales que de ninguna manera corre paralela a nuestro nivel de riqueza y desarrollo.
Valga, pues, este somero enunciado de temas para comprender que la situación presente exige una pronta y decidida toma de posición, no sólo de nuestros responsables políticos sino de la sociedad española en su conjunto y a ese esfuerzo es al que está llamado a prestar su colaboración el Foro que estamos dispuestos a poner en funcionamiento.

3. El núcleo esencial de nuestra propuesta:

Proponemos la creación de una Asociación denominada “Foro de la Sociedad Civil” que desearíamos cuente inicialmente con un firme soporte representado por la presencia de una pluralidad de fundaciones –viva expresión, a su vez, de la sociedad civil– y la participación activa de un colectivo de universitarios, estudiosos, intelectuales y profesionales que pongan en sus trabajos como objetivo el mejor servicio a los intereses de España y al bien común de todos los españoles.

El Foro de la Sociedad Civil pretende ser un foro de estudio y debate permanentes, un lugar de encuentro abierto a la pluralidad de realidades de nuestro país y una plataforma de lanzamiento de nuevas ideas y propuestas que ayuden al proceso continuado de modernización y avance de España en las próximas décadas.

Se trata primordialmente de agrupar a profesionales acreditados de la sociedad española, sin dependencia con formación política alguna, para que se pronuncien colectivamente en relación con los grandes temas que preocupan a la mayoría de los ciudadanos con vistas a aportar argumentos solventes que puedan ayudar a resolver con eficacia los principales problemas de nuestro país.

Para la consecución de los fines que el Foro se propone será fundamental, en este sentido, articular una fluida relación con las principales fuerzas políticas en presencia y con los distintos medios de comunicación para tratar de conseguir el mayor eco y repercusión posibles en relación con los trabajos y propuestas que el propio Foro genere.

A continuación señalamos los principales temas que constituirán materia de interés preferente del Foro:

  1. Estructura del Estado y Régimen Autonómico.
    La Ley Electoral y el Sistema de Representación Política.

  2. Independencia y eficacia del Poder Judicial.

  3. El papel de España en Europa y en el Mundo.
    Misión de las Fuerzas Armadas.

  4. La globalización y su impacto en la competitividad de la economía española.

  5. Reforma del Estado de Bienestar.
    La Sanidad y el Régimen de Pensiones.

  6. Bases para una política en relación con la Inmigración.

  7. La Educación y la Investigación.

  8. Familia y Sociedad.

  9. La Ordenación del Territorio.
    La Ley del Suelo y el problema de la Vivienda

  10. La Conservación del Medio Ambiente y el Cambio Climático.

4. Estrategia  

El Foro deberá cumplir un triple papel. Funcionará de hecho como un Club, a la manera anglosajona; como una Sociedad de Estudios dando primacía al análisis y la reflexión y, por último, como una Plataforma de Acción que se comunica con la sociedad y sus principales actores políticos buscando siempre la eficacia y operatividad de sus propuestas. Y, a su vez, deberá conjugar una doble estrategia. Por un lado, es cierto que para la elaboración de sus propuestas el Foro tendrá que contar con un núcleo esencial de personas que convivan con comodidad en torno a un marco esencial de valores y opciones fundamentales, pero, por otro, no es menos cierto también que es preocupación primordial del Foro estar dispuesto a dialogar con personas que representen opciones diferentes a las que mayoritariamente se expresen en su seno.

Parece fundamental, en la hora presente de España, volver a recrear espacios de encuentro entre personas que defienden opciones diversas como es propio de una sociedad plural y desarrollada. Con ello pretendemos apostar por una España que sea capaz de debatir sin acritud y que sepa defender las ideas sin apelar al improperio y la descalificación permanentes.




Conclusión

El reto es ciertamente apasionante. Las dificultades, muchas y variadas. Pero merece la pena intentarlo. La convivencia entre los españoles, tantas veces puesta en peligro, y otras, violentamente interrumpida, exige de todos nosotros un esfuerzo sostenido para asentar un país que frecuentemente juega con fuego y que, a veces se quema.

Nunca es demasiado tarde para sembrar paz y concordia entre aquellos que en definitiva tenemos que vivir juntos.

El Foro de la Sociedad Civil pretende, en fin, convertirse en el germen de un movimiento de renovación de la vida democrática en España.

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