TRIBUNA DE LA SOCIEDAD CIVIL DE ESPAÑA

Necesitamos jueces imparciales (Ramón Gil Alburquerque)

Todo juez debe ser imparcial. Sólo así se distinguirá un respetable proceso (culminado o no en sentencia) de la censurable arbitrariedad. El juez, para serlo, no debe tener inclinación, ni genérica ni concreta, por ningún litigante. De lo contrario, podrá ser amigo o rival, político o visionario, pero no juez. El juez debe ignorar de todo punto, antes de leer los documentos del proceso, de celebrar el juicio oral (si tal prevé la ley), de practicar las pruebas, de estudiar el derecho (que no ha creado él), a qué parte va a dar la razón, y en qué términos. La legitimidad del juez para decir el derecho (que casi siempre será decir la ley) se basa en su incondicional e irreductible voluntad de dar a cada uno lo que la norma jurídica prevé, esforzándose al límite de sus fuerzas intelectuales y morales por aplicar tal derecho con olvido de su particular opinión, inclinación o ideología. Un juez no es un político, un juez no es un vengador solitario, un juez – en cuanto tal – apenas es figura humana particular sino encarnación altísima de la función de garante de un derecho dado y que debe aplicar con toda pureza y distanciamiento, causa única de su inamovilidad e independencia.

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Inquietudes (Agustín Muñoz-Grandes)

Creo que gran parte de la familia militar a la que pertenezco, junto con otros muchos españoles, se siente inquieta al sucederse hechos que, apoyados en disposiciones legales que parecen ignorar valores, sentimientos y arraigadas tradiciones, permiten interpretaciones sesgadas de la historia que reavivan pasiones ya enterradas. El silencio al que nos empujan las virtudes de la lealtad, disciplina y obediencia, que siempre hemos cultivado los militares, no debe interpretarse como un signo de aceptación o sumisión. Hoy, ante los últimos hechos, rompo mi silencio buscando en el recuerdo histórico contrastes significativos.