Bildu, una victoria menor y coyuntural (José Antonio Zarzalejos)

La coalición Bildu ha obtenido unos resultados muy importantes en el País Vasco y en Navarra. Primera fuerza en Guipúzcoa; segunda en Vizcaya y tercera en Álava. Suma 1.138 ediles y junteros y tiene algunas posibilidades de hacerse con posiciones de poder, aunque para ello requiera de acuerdos que no serán fáciles de alcanzar. El PP ha lanzado una oferta sensata al PNV y al PSE para dar estabilidad a las instituciones. En este panorama tan aparentemente triunfante para los abertzales, hay que hacer, sin embargo, algunas clarificaciones importantes.

La primera y sustancial: Bildu no se corresponde con la izquierda radical abertzale o Batasuna. La coalición engloba a EuskoAlkartasuna, que nunca se incluyó bajo esa denominación, y a Alternatiba, una escisión de IU-EB en el País Vasco, partidos que se han prestado a comportarse como pista de aterrizaje de Batasuna. De modo que la suma total de sus votos superó el 22-M los 313.000, más de lo que obtuvo la estricta izquierda abertzale filo etarra en 1998, un resultado que marcó un hito. Esta agrupación de ofertas en Bildu debe subrayarse tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo para que la apariencia de victoria arrolladora, se matice convenientemente. Bildu es la suma de Batasuna, EA y Alternativa que se ha comido, además, a Aralar y a IU.

La segunda puntualización importante es que Bildu ha sido tan votada por la sociedad vasca por una razón recurrente: cuando hay un período de tregua terrorista los ciudadanos del País Vasco refuerzan al entorno civil de ETA con el deseo -tantas veces frustrado- de que sea capaz de contener a los pistoleros y les persuada para que dejen las armas. Se ha tratado históricamente de un voluntarismo colectivo, de una aspiración amplia que, insisto, nunca se ha traducido en realidades tangibles. Si los terroristas atentan de cualquier forma, la decepción será, otra vez, frustrante. El voto a Bildu es provisional y resultado de la concesión del beneficio de la duda.

Parece evidente que sobre Bildu recae una obligación esencial: mantener determinadas exigencias sobre el colectivo de presos etarras y sostener en el tiempo la legitimación de las acciones criminales de la banda, que deben pasar a la historia como consecuencias inevitables de un “conflicto” de naturaleza política, todo a cambio de que ETA siga paralizada. Un parte de la sociedad vasca quiere la “paz” a cualquier precio, aun a sabiendas que de Bildu es el resultado de una estrategia de la banda.

Pero Bildu ha causado problemas serios en los mismos partidos que pedían la legalización de sus listas. Para el PNV, la coalición es un desafío, porque le disputará la hegemonía y la vanguardia del movimiento nacionalista vasco (sólo le separan 14.000 votos) que siempre ha estado en discusión, más aún después de su escisión de la que nació en 1986 EuskoAlkartasuna. De tal manera que los peneuvistas podrán urdir con los abertzales radicales algunos acuerdos puntuales pero no entrar en connivencia. Bildu disputa al PNV la primogenitura. Así que la primera preocupación de los nacionalistas será controlar y disminuir el efecto de la victoria de la coalición, hasta aminorarla al máximo.

El objetivo del PNV es regresar a Ajuria Enea y Bildu le servirá de palanca para romper el pacto PSE-PP, deshacerse de un López que no ha estado a la altura de las circunstancias y moldear a un deprimido socialismo vasco para que le acompañe de nuevo -como tantas veces en la historia de la democracia- de secundario en una coalición con lehendakari nacionalista. Y puede lograrlo. Bildu y su victoria electoral es un efecto típico de la ciclotimia de buena parte de la sociedad vasca, que pasa de la euforia pacifista a la depresión, con una reiteración histórica preocupante de la que el PNV sacará buen rédito.

A la hora de enjuiciar lo que ha supuesto Bildu tengamos en cuenta estas consideraciones y permanezcamos muy atentos a ETA y a su relación con la coalición y al Gobierno de Zapatero. Que quizá esté lamentando ahora la legalización por el TC de la coalición, instrumento de la planificación realizada por ETA para escapar de una derrota policial y política, lo que a muchos electores vascos, especialmente nacionalistas, no les repugna en absoluto. Todo ello compatible con el regreso del PNV al poder gubernamental en Vitoria previa quiebra del pacto PSE-PP.