Íñigo de Bustos, miembro del Foro de la Sociedad Civil, ha publicado un artículo de opinión en El Debate en el que asegura que «el salario mínimo interprofesional es el ejemplo perfecto de cómo una medida puede producir un beneficio visible y un coste invisible, y, por tanto, convertirse en una ilusión financiera en el sentido más puro del término».
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«El Estado presenta la subida del SMI como un acto de justicia social, pero no asume su coste. Quien paga el incremento no es el Estado, sino, directamente, la empresa, a la que no se escucha, e indirectamente el ciudadano, vía repercusión de precios», escribe De Bustos, para quien el Gobierno se atribuye el mérito sin asumir el sacrificio de la medida.
Según el autor, la subida del SMI «no reduce la desigualdad estructural, no mejora la productividad, no aumenta la competitividad. Lo que sí hace es generar una sensación de avance que refuerza la legitimidad del Estado».