Este ensayo propone repensar la historia a partir de la evidencia de que el ser humano tiende más a cooperar que a competir. El autor estudia 200.000 años de historia y descubre que el altruismo y no la competitividad ha sido el motor evolutivo de la humanidad.
Para ello, aborda ejemplos como la diferencia entre lo que se cuenta en la novela El señor de las moscas y lo que sucedió en los años 70 del siglo pasado, cuando un grupo de niños australianos naufragaron y pasaron varios meses solos; o el comportamiento solidario y resiliente de los ciudadanos durante el Blitz en el Londres de la II Guerra Mundial; o la realidad tras ciertos experimentos psicológicos y sociológicos sobre comportamiento humano.