Íñigo de Bustos, miembro del Foro de la Sociedad Civil, escribe en El Debate que el sistema público de pensiones «se presenta como un contrato entre generaciones, como un derecho adquirido, como una promesa inviolable», pero que, «desde la perspectiva real, no es más que una ilusión cuidadosamente administrada».
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Según De Bustos, la ilusión «hace creer que el ciudadano ahorra, cuando en realidad financia el presente».
El autor recuerda que «el dinero que el trabajador aporta no se guarda para él, se utiliza para pagar a los pensionistas actuales».
«Mediante la ilusión contributiva, la opacidad del déficit, la confusión entre derechos y expectativas, la asimetría temporal, la retórica de la solidaridad y la invisibilidad del sacrificio, el Estado logra que el ciudadano perciba el sistema de pensiones como un contrato justo y estable, cuando en realidad es un mecanismo frágil que depende de equilibrios demográficos y fiscales cada vez más tensos», escribe.