Jesús Sánchez-Quiñones escribe en su blog en El Economista que lo que Estados Unidos consiguió en su día con un cuasi-monopolio de sistemas operativos en los ordenadores personales, con Microsoft y Apple, pretende replicarlo en el desarrollo e implantación de la Inteligencia Artificial (IA) a través de distintas empresas nacionales.
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«La dependencia de esta tecnología estadounidense ha sido, y es, absoluta, dando a estas empresas americanas un poder y un eventual, aunque siempre negado, acceso a datos sin parangón», afirma Sánchez-Quiñones.
En su plan de desarrollo de la IA, el Gobierno de EEUU ya ha fijado con objetivo asegurarse de que sus aliados usen tecnología estadounidense.
El plan establece que EEUU debe atender la creciente demanda mundial de inteligencia artificial ofreciendo su ecosistema completo de tecnología (hardware, modelos, software, aplicaciones y estándares) a los países que acepten integrarse en su alianza.
«Si alguien creía que una vez cerrados los distintos acuerdos comerciales sobre productos, la diplomacia comercial norteamericana se iba a relajar, se equivoca», afirma.