Conferencia del Teniente General D. Luis Feliu Ortega

Las recientes misiones de nuestras Fuerzas Armadas (FAS) en el exterior han supuesto un punto de inflexión en la percepción de la sociedad española acerca de ellas: a diferencia de épocas pasadas, actualmente, nuestra sociedad tiene al Ejército, se entiende que a las Fuerzas Armadas, como una de las instituciones mejor valoradas pero sin embargo, no es una de las profesiones preferidas por los jóvenes. Tampoco estarían por supuesto de acuerdo en aumentar el presupuesto de Defensa. Podríamos interpretarlo como “estamos de acuerdo con lo que hacen pero yo no lo pienso hacer, que lo hagan otros”. En resumen, les gusta su disciplina, su entrega y las misiones que realizan ahora pero sí, que lo hagan otros.


Yo tengo la impresión, de que su percepción es en buena parte, consecuencia del mensaje que se les lanza. Tanto los políticos, como los medios de comunicación, se han esforzado por presentar a nuestro Ejército como una organización humanitaria gubernamental, todo lo más como una superpolicía y no digamos ya cuando lo que se presenta es la Unidad Militar de Emergencias. A todos les parece muy bien que el Ejército se dedique a estos cometidos pero claro esto tiene graves inconvenientes:

Se oculta o se vela lo que verdaderamente están haciendo nuestras tropas y para ello se utilizan toda suerte de subterfugios, eufemismos y ambigüedades. No, no se dice nunca que nuestras unidades están allí porque son unidades armadas, unidades de combate y que si es cierto que están para garantizar la seguridad y permitir la gobernanza, no lo hacen por procedimientos pacíficos porque estos han fallado o no han sido suficientes sino por la disuasión que proporciona su capacidad de combate que están dispuestos a, con riesgo de su vida si son atacados ellos o aquellos a los que protegen. Sino no se enviarían unidades armadas. Por eso se extrañan sobremanera cuando a pesar de todas las medidas de protección, activas y pasivas y todo su entrenamiento, se producen bajas.

Tampoco se quiere reconocer que en muchos casos, nuestros contingentes están en un conflicto armado, podríamos conceder que no debe llamarse guerra pues no se dan las condiciones para ello, pero sí en lo que el Derecho Internacional Público reconoce como conflicto armado y por lo tanto sujeto para los países firmantes, como es el nuestro, a los convenios de Ginebra y de la Haya. Resulta ridículo el ver como se trata de desfigurar la realidad diciendo que están en una situación de paz, que están en misión humanitaria y que lo que sufren nuestros soldados no son ataques sino atentados, que no hacen prisioneros sino detenidos, que no hay enemigos sino terroristas y que no pueden actuar más que en defensa propia. Por eso, repetimos, la población española se extraña sobremanera cuando se producen bajas y lo achaca a que no se dispone de los medios adecuados de protección o a que no estaban procediendo adecuadamente. Pero esto sería, con ser grave, lo de menos. Lo peor es que al no querer admitir por ejemplo en Afganistán, la situación de conflicto, las reglas de enfrentamiento dejan a nuestros soldados sin su autentica capacidad para defenderse ya que no se les aplica el Derecho Internacional del Conflicto Armado sino el Código Penal Común Español porque desde luego según la SOFA es decir el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas, el Estado anfitrión renuncia a aplicar su propio derecho. De esta forma, por ejemplo solo pueden usar sus armas contra los que les atacan pero no si no les agreden, aunque se les haya identificado como insurgentes. Nunca se puede superar un conflicto si se está siempre y solamente a la defensiva, mientras los enemigos siguen atacando.

Se argumenta que las indemnizaciones que reciben los que son bajas, heridos y fallecidos son mejores si se presentan como en atentado terrorista en lugar de en combate y que las primas de las compañías de seguros son menores. Si esto es verdaderamente así, produce tremendo sonrojo y habría que solucionarlo inmediatamente. Se arguye también que de esta forma no serán atacados por la insurgencia pero esto se ha visto desmentido y además nos deja ante los contingentes de otras naciones como pusilánimes. Afortunadamente, no tanto entre los otros militares que se dan cuenta de que son razones políticas pero sí ante los otros gobernantes y su población civil. España no queda muy bien parada sobre todo si esto, como se está viendo, es ya práctica común.

Es verdad que las primeras misiones fueron de intermediación, supervisión y observación y que incluso algunas de ellas fueron desempeñadas por oficiales y suboficiales desarmados. También es cierto que los primeros contingentes, aunque armados, sólo se dedicaron a prestar y apoyar la ayuda humanitaria como fue el caso de Kurdistán en Irak o Bosnia Hercegovina con la ONU pero tanto en esos casos como luego en Afganistán, el conflicto fue degenerando y finalmente, aunque se quiera ocultar, nuestro contingente se encuentra ahora allí totalmente inmerso en un conflicto armado, de tipo asimétrico, que libra el gobierno de ese país, al cual apoyamos, en contra de la insurgencia y no hablemos de Libia donde estamos participando en una guerra civil de tipo convencional. Otras veces nuestros contingentes se han visto inmersos, aunque sin participar en él y actuando de forma imparcial, en verdaderos conflictos armados con visos de guerra civil como fue el caso de Bosnia. Dejémonos una vez más de eufemismos.

Es cierto que nos apoyamos en resoluciones de la ONU Pero también es cierto que las Naciones Unidas fueron siempre un instrumento de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y que fue útil durante la Guerra Fría incluso hoy ha evitado conflictos pero al estar dominado por las superpotencias sus decisiones son a menudo de apoyo a sus intereses y no tanto de ayuda a los necesitados. No debería servir para simplemente escudarnos en sus decisiones. Además, en cualquier caso, lo que debería primar es el apoyo a los intereses de España y su política exterior. A veces se tiene la impresión de que nuestros dirigentes actúan a impulsos por falta de una verdadera política de Estado en el exterior o que desde luego no se explica bien a la sociedad lo que se está haciendo y por qué y consecuentemente de los riesgos que se corren.

También hay que reconocer que en este lenguaje eufemístico y ambiguo que tanto gusta a los políticos y a los diplomáticos, la ONU se lleva la palma, especialmente en las resoluciones del Consejo de Seguridad, que en la mayor parte de los casos no pueden ser más ambiguas y por lo tanto dan opción a actuar casi de cualquier forma. En el caso de Libia, dice por ejemplo “…decide establecer una prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo de Libia a fín de ayudar a proteger a los civiles” y “autoriza a los estados miembros (individualmente o por conducto de acuerdos u organizaciones regionales) a adoptar todas las medidas necesarias para hacer cumplir la prohibición de
vuelos impuesta”. Sobran más comentarios.

Además, ya el nombre de las operaciones “Operaciones de Mantenimiento de la Paz”(PKO) u “Operaciones de Paz” como se les llama ahora, es engañoso pues a mucha gente le lleva a la idea de que son operaciones pacíficas y que por lo tanto no entrañan el uso de la fuerza. Entonces, sería lógico preguntarse ¿qué hacen allí los militares?. Al principio la explicación la dio el propio Secretario de la ONU, Butros Gali “No son misiones militares pero sólo los militares pueden cumplirlas”. Y es que es verdad, las primeras misiones en las que participó España al final de los ochenta, en Angola, Mozambique y Centroamérica fueron llevadas a cabo por militares desarmados o solo con armas ligeras de autodefensa, actuando como mediadores, supervisores u observadores que por cierto cumplieron nuestros militares con rotundo éxito, reconocido por los propios países y por el resto de la comunidad internacional. La verdad es que se vio favorecido por el hecho de la lengua común y por la capacidad innata del español para comprender a la población civil pero no por eso fue menos meritorio.

Sin embargo, las cosas se fueron complicando sucesivamente para la ONU y para España. Más tarde tuvimos que acudir no ya con militares individualmente sino con unidades militares orgánicas, es decir armadas y encuadradas por sus mandos para proteger, cuidado, para proteger no para realizar operaciones humanitarias, como se dijo en el caso del Kurdistán y el de UNPROFOR en Bosnia. Es cierto que también nuestros soldados realizaron misiones humanitarias cuando eran urgentes o no podían ser realizadas por los elementos civiles pero no era esa su misión principal. En el primer caso por ejemplo fue crear unos campamentos y una zona de seguridad para acoger a la población kurda y en el segundo escoltar los convoyes y los almacenes de ayuda humanitaria. Por eso iban armados porque estaban dispuestos a rechazar cualquier ataque de alguien que impidiera que dicha ayuda llegase a su destino. Claro, lo que se vendió a la sociedad española y lo que más ha trascendido es que daban caramelos a los niños, que compartían sus bocadillos con la población civil, que compartían unas botellas de vino con los líderes de las facciones pero no que exponían continuamente e incluso daban su vida en cumplimiento de su misión. Naturalmente, esos valores morales de sentido del deber, de sacrificio, de disciplina, que, gracias a Dios, todavía tienen nuestros militares no “venden” hoy muy bien y se prefiere presentar su cara bondadosa, desde luego encomiable, en lugar de su aspecto de entrega total con riesgo de su vida, en cumplimiento de la misión. La izquierda española siempre ha estado en contra del Ejército y sus componentes pero la derecha actual tiene miedo de que la tilden de ultra, de fascista y de retrógrada si enaltece las virtudes castrenses.

Decíamos que las cosas se fueron complicando también para la ONU porque operaciones que empezaban como de apoyo a la ayuda humanitaria fueron degenerando no ya sólo en implementación de la paz como en Bosnia sino en verdaderos conflictos armados de tipo asimétrico, es decir de lucha contra la insurgencia, como es el caso de Afganistán.

Efectivamente la situación se fue complicando en BiH y lo que hacía falta, en la misma era la protección de la población civil como ellos mismos demandaban. Recuerdo todavía cuando pedían, no tanto alimentos y caramelos para los niños sino que cesaran los bombardeos y agresiones contra la población civil, que se les protegiera. Poco a poco se llegó a tener que utilizar la fuerza o a la amenaza de la misma, es decir del combate, para instaurar la paz. Me estoy refiriendo a los acuerdos de Dayton y a la IFOR, es decir a la Fuerza de Implementación. Pero una vez más, el papel de nuestras fuerzas no fue explicado claramente a nuestra población, no se dijo que si estaban allí era para hacer cumplir, por la fuerza si era preciso, los citados acuerdos y a veces hubo que hacerlo porque, como se sabe, no todos estaban dispuestos a cumplirlos. Gracias a ello hoy en BiH hay paz y parece que estamos en el camino de que sea duradera, más adelante lo trataremos un poco más. Pero no olvidemos que todo ese proceso fue posible, entre otras cosas pero fundamentalmente, gracias a la capacidad de combate de nuestras Fuerzas Armadas y las de los demás países participantes. Es triste pero a veces no queda más remedio que emplear la fuerza para lograr la paz cuando todos los demás recursos han fracasado y lo que impera es la violencia más o menos indiscriminada y esa fuerza sólo la tienen legítimamente las FAS que están organizadas, equipadas y adiestradas para eso.

La opinión pública no quiere ni oír hablar de guerra, como si el no mencionarla bastara para erradicar la violencia y por supuesto tampoco de combates, no quiere ver a las Fuerzas Armadas como lo que son. Incluso se distorsionan los términos y para no hablar de Defensa, que parece que les suena a violencia, introducen la palabra Seguridad y hablan de Seguridad y Defensa creyendo que es un término más Light, sin darse cuenta que lo que están haciendo es mezclar el objetivo a conseguir, la Seguridad, con una de las herramientas para alcanzarlo, la Defensa y dentro de ella la Defensa Militar. Esta mentalidad evoluciona rápidamente, no hay más que ver cómo se va cambiando la terminología empleada desde la Ley Orgánica de la Defensa del 2005 hasta la actual Estrategia Española de Seguridad de 2011.

A las FAS se las identifica con la guerra y todavía persiste la idea de que las FAS están para la guerra y son las responsables de ella. No, esa no es su misión sino la del poder político que debe ser el responsable de la aplicación de la fuerza en tiempo, lugar y con la intensidad adecuadas para que consiga el objetivo militar que permita el objetivo político que debe ser siempre la Paz, pero la paz bien entendida, no sólo como ausencia de guerra sino una paz más justa y que garantice la Seguridad, la dignidad de las personas y su libertad. Casi nunca a lo largo de la historia han sido los militares como tales, salvo cuando han sido al mismo tiempo políticos, los que han provocado las guerras, ni siquiera en casos tan claros como en el tercer Reich o en la Guerra Civil Española, pero en fin, eso sería objeto de otro artículo.

La misión de las FAS es estar preparadas y lograr la disuasión y en su caso si es necesario, combatir. El combate es en esencia la lucha armada contra otras fuerzas o elementos armados. Puede ser un combate defensivo, como respuesta a un ataque contra las propias fuerzas o contra los elementos o territorios que protegen, o un combate ofensivo para destruir, neutralizar o expulsar a las fuerzas o elementos que perturban la seguridad, la paz o la legalidad en un determinado territorio. La consecuencia de esto es que, como veremos, las unidades de las FAS pueden verse en la necesidad de combatir sin que necesariamente su país esté en guerra e incluso sin que ellas hayan provocado el combate. En sentido contrario, lo ideal es que no tengan que llegar a combatir sino que sea suficiente con su poder de disuasión.

Efectivamente y en esto estamos de acuerdo todos los militares, “Hay que evitar la guerra por todos los procedimientos y medios de que se disponga”. Más aún, hay que evitar el combate pero no hay que ser ingenuo, si los insurgentes no atacan es por la disuasión, porque saben que se va a reaccionar contra ellos. Cuando se sienten superiores o creen que pueden tener éxito lo harán. Para que una disuasión tenga éxito es necesario que se den como mínimo las siguientes condiciones: que se disponga de los medios suficientes en cantidad y calidad, que se esté dispuesto a utilizarlos y que el posible adversario lo sepa.

El año pasado, hablaba yo con un diputado español que había dado una conferencia en la que sostenía que las tropas españolas no estaban en Afganistán para combatir. Yo le decía, primero que eso no podía ser cierto pero incluso si lo fuera, no convenía que lo dijera públicamente porque como se enterara la insurgencia, iban a durar menos que un pastel a la puerta de un colegio y no podrían cumplir su misión. Lo que si es verdad es que allí, las tropas españolas están fundamentalmente para misiones defensivas pero como se está viendo, tienen frecuentemente que combatir. ¿O qué se creían? ¿Para qué creían que llevaban las armas?

Claro, este es el problema, se ha llevado al convencimiento de la población, de la sociedad civil española, que lo que se quiere ver es unas FAS que no combatan, que sus armas sean de adorno. No soy enemigo de la UME pero sí de cómo se la presenta. Como la estrella de las FAS, una unidad, no sólo militar sino armada y así aparece por ejemplo en los desfiles de las FAS, con sus fusiles. Pero para qué si lo que se trata es de bomberos y elementos de protección civil. Su misión es la única de las FAS que no es el combate y…eso es lo que se aplaude. Se ha convertido una misión subsidiaria de las FAS en su misión primordial y se crea una unidad exclusivamente para eso. Naturalmente el tergiversar los términos y las ideas y distorsionar las imágenes puede producir estos efectos. En suma, querrían ver a las FAS disciplinadas y obedientes y que no emplearan la fuerza. Los elementos pacifistas no quieren ni oír hablar de estas cuestiones, no se puede hablar de enemigo ni de combates, como si el no mencionarlos implicara su no existencia. De hecho han influido tanto que han eliminado de las nuevas Ordenanzas Militares la casi totalidad de los artículos en que se mencionaban y en la Nueva Directiva de Defensa Nacional los han suprimido también. Absurdo.

Hay que ver cómo nuestros dirigentes se encuentran especialmente orgullosos del papel de nuestras FAS cuando actúan en verdadera ayuda humanitaria como en Mozambique, cuando las inundaciones, en Paquistán cuando el terremoto o más recientemente en Haiti, lo cual es encomiable pero olvidan que estas misiones son excepcionales y subsidiarias y sólo se realizan cuando bien la urgencia o la capacidad logística hacen que sea la única institución que pueda cumplirlas.

Otro punto que invita a reflexión es el de que por qué estamos en las misiones de Paz. A mi modo de ver hay tres razones fundamentales que la explican y que paso a enumerar aunque no en orden de prioridad: Por razones éticas, por intereses de España y por hacer honor a nuestros compromisos.

La primera razón obliga a que las naciones llamadas Occidentales acudamos con nuestra ayuda en defensa de las naciones que sufren agresiones del exterior, como fue el caso de Kuwait o que tienen un régimen opresor que viola los derechos humanos. Esta razón que parece muy clara no lo es tanto, pues a menudo está mezclada y enturbiada por otros intereses mucho menos claros, cuando no bastardos. Por otra parte no se puede acudir a todos los casos que ocurren en el mundo y se produce el agravio comparativo, lo cual aunque no es motivo suficiente para no acudir, no resulta fácil de priorizar y decidir.

La siguiente razón es de orden práctico y hasta cierto punto puede parecer egoísta. Hoy en día, en este mundo globalizado en que vivimos no hay límites entre la seguridad interior y la exterior y cualquier inestabilidad en cualquier lugar del globo nos puede afectar. Ya lo dice la propia OTAN en su nuevo concepto estratégico “hay que atajar la inestabilidad allá donde se produzca y antes de que llegue a nuestro espacio euroatlántico”. También hay que tener en cuenta que si queremos que España ocupe el lugar que se merece en el concierto internacional y pueda obtener beneficios políticos y económicos y apoyar nuestra política exterior, tiene también que aportar esfuerzo a la consecución de la Seguridad Internacional. Tampoco es tan clara esta razón porque la nación no entiende claramente el porqué de ese esfuerzo económico y lo que es peor en vidas humanas y además puede no parecer muy ético. En alguna forma es lo que intentaron aplicar el presidente Aznar con EE.UU. enIrak y Rodríguez Zapatero con Francia en Libia. Lo que no se puede hacer es participar cicateramente y con engaño, tratando de “salvar los muebles” y luego querer recoger la cosecha como también nos pasó en Irak. Nos pueden decir como el castizo, el que quiera peces…..

La tercera razón es más clara Con la globalización y la participación de España en diversos organismos internacionales, la consecución de un orden internacional estable, de paz, seguridad y respeto de los derechos humanos es también un objetivo esencial de España. La Constitución Española, en su preámbulo dice textualmente “La Nación española…..proclama su voluntad de:….colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra”. Por ello España pertenece a diversas organizaciones que incluyen en sus fines la defensa de la paz y la seguridad internacional con respeto a la legalidad internacional. La más importante de todas ellas es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el cumplimiento de sus resoluciones se basa “en el reconocimiento de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene la responsabilidad fundamental en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales” Esta cita es de nuestra LOD.
También estamos comprometidos con la OTAN, con la UE y con la OSCE y si confiamos en nuestros aliados para la defensa colectiva también debemos aportar nuestro esfuerzo cuando nos lo requieran.

Legalmente y según la LOD, para que se puedan realizar misiones en el exterior se debe cumplir “que se realicen por petición expresa del Gobierno del Estado en cuyo territorio se desarrollen o estén autorizadas en Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o acordadas en su caso por organizaciones internacionales de las que España forme parte”.

En resumen, un equilibrio entre las tres razones o motivos debería ser el que decidiese a nuestro gobierno a participar y las condiciones de esa participación. Porque la realidad es que España tiene fama de cicatera, de no exponer lo suficiente y de nos ser un aliado de fiar. La verdad es que nos lo hemos ganado a pulso y no por culpa de nuestros soldados sino de nuestros gobernantes.

En nuestro Ejército cuando se dijo de ir a una misión, sobraron voluntarios, no se preguntó el porqué, se fue y se hizo todo lo posible para cumplir la misión aunque en muchos casos no lo comprendiéramos claramente y cuando se ordenó volver, se volvió sin preguntar tampoco y la retirada fue una operación militarmente perfecta. Lo que ocurre es que el comportamiento de los políticos es por lo menos en apariencia, completamente diferente a lo que nos han inculcado en nuestra Academia. El reclamar las misiones de mayor riesgo y fatiga, el tener amor a la responsabilidad y decisión para resolver de nuestras ordenanzas contrastan duramente con la forma en que nuestros políticos y diplomáticos buscan con vacilaciones e indecisiones los lugares de menos riesgo e incluso cuando se deciden, que suele ser cuando los demás países han elegido ya, imponen unas limitaciones de empleo en las ROE y las TOA que dejan a nuestros militares como si fueran unos timoratos, por no emplear otra palabra peor. Recuerdo las vacilaciones para decidir nuestra participación en Afganistán o en Irak o incluso el Líbano, aunque como veremos, al final nos hemos encontrado con más de lo que queríamos. Quieren que tengamos un papel preponderante y que se nos reconozca pero con una participación limitada y sin bajas y eso es difícil. Es evidente que el papel del político y del diplomático es diferente del del militar y debe ser así pero la sociedad civil debería por lo menos conocer estos extremos.

El comportamiento de nuestros contingentes a pesar de las limitaciones en número de efectivos en la limitada libertad de acción con duras reglas de enfrentamiento o ROE, las objeciones incluidas en la transferencia de autoridad o TOA y con el material disponible en cantidad y calidad, ha sido inmejorable, reconocido por la población local y por nuestros aliados y si en algún caso no se cumplió plenamente la misión que se esperaba de nuestros militares no fue nunca por falta de entrega o de preparación. Desde el punto de vista del trato con civiles y militares locales, me gustaría resaltar que desde 1989, año en que empezaron para España las misiones de paz, más de 100.000 militares españoles han desplegado por todo el mundo, sufriendo 172 bajas mortales y más de mil heridos, dando ejemplo de comportamiento tanto en combate como en trato con la población civil como así lo han reconocido las autoridades civiles y militares extranjeras. Nunca ha habido ninguna queja ni reclamación en su comportamiento, cosa que no todas las naciones participantes pueden decir lo mismo.

Y todo esto para qué. Porque una cosa es que nuestros militares cumplan exitosamente la misión que se les encomienda y que tanto en España como en el concierto internacional e incluso la población local los admire y otra que con ello se logre un legítimo rédito político para nuestro país. Se puede argumentar que nuestros militares han dejado bien alto nuestro pabellón y paseado con orgullo el nombre de España haciendo honor a nuestras tradicionales virtudes. Muy bien pero qué más. Hoy en día nuestra sociedad civil es cada vez más exigente y quiere legítimamente también éxitos tangibles por lo menos proporcionalmente al esfuerzo realizado.

No sé, este año se celebraban los 70 años de la entrada en combate de la División Azul. No son comparables los hechos pero allí nuestras unidades cumplieron a la perfección sus cometidos, la población civil rusa confraternizó con nuestros soldados y tienen un recuerdo imborrable de nosotros pero políticamente ¿Se cumplió el objetivo? Tampoco estoy seguro de que nuestras recientes misiones en el extranjero se hayan manejado adecuadamente desde el punto de vista político. No estoy en condiciones de juzgar los objetivos políticos, la mayoría de los cuales desconozco, así como su estrategia pero surgen serias dudas.

En Centroamérica e incluso en África logramos un gran prestigio que ya prácticamente se ha olvidado porque nuestra política exterior se ha alineado abiertamente con otros países y tendencias políticas. Incluso en Kurdistán cumplimos nuestra misión y nuestro Ejército demostró que estaba preparado para cualquier misión de ese tipo. Sin embargo, a partir de ese momento nuestra actitud es vacilante, llegamos casi siempre con retraso y nuestra participación se hace con cuentagotas: En la Primera Guerra del Golfo a pesar de tener todas las bendiciones de la ONU y de ser un caso claro de agresión a un país sin que mediara otra justificación, España sólo envía una fragata para el bloqueo naval. Es cierto que no teníamos allí intereses claros. En BiH nuestro gobierno duda pero al fin nuestro Ministro de Defensa, junto con el JEMAD consiguen que se envíe un contingente de cascos azules para escolta de la ayuda humanitaria pero recordemos que la situación se va complicando y nos vemos comprometidos no ya en una tarea humanitaria sino en una misión de imposición de la paz, es decir de implementación de los acuerdos de Dayton, luego en una misión de estabilización y posteriormente de vigilancia. Allí nuestros soldados cumplen a la perfección y el recuerdo que guarda la población civil es admirable pero qué se ha hecho políticamente, hemos forzado a tres comunidades a aceptar formar una especie de estado confederal que de momento parece que funciona pero ¿será realmente viable? Y si aquí se ha obligado a ello ¿por qué no se hizo lo mismo a nivel Yugoslavia? Efectivamente no era exactamente el mismo caso, pues en la constitución yugoslava figuraba que las repúblicas podrían separarse de la federación pero ello no tenía que suponer la limpieza étnica. Nuestras fuerzas se esforzaban sobre el terreno para actuar con imparcialidad pero políticamente no se actuaba así a nivel internacional. Existía una línea de acción más o menos oculta de machacar a los serbios como si ellos fueran los únicos culpables de la situación y los únicos que cometieran atrocidades. Se les bombardeo incluso objetivos civiles y nuestra aviación participó en ellos.

En Kosovo se participó en una guerra o en un conflicto armado, para ser más preciso apoyando a los albanokosovares en contra de la minoría serbia y no se dudó en bombardear también objetivos civiles. ¿Fue la población española realmente consciente de ello? Pero es que además se estuvo trabajando políticamente, desde el principio para lograr independizar a Kosovo y desde el primer momento se apoyó a los insurgentes del UCK convirtiéndolo en un embrión del Ejército Kosovar. Es verdad que los soldados españoles protegían a la minoría serbia en el norte del país pero…¿ era esta la solución que se buscaba y sobre todo era la más adecuada?. Claro, al final tuvimos que abandonar la misión.

Al final es siempre lo mismo: No se podía permitir un genocidio y una limpieza étnica contra los albano kosovares pero sí se ha permitido una expulsión de los serbios de Kosovo, de una región que fue la cuna de la nación serbia o por lo menos así lo han estimado siempre ellos. Había que permitir y apoyar la independencia de Croacia pero no de las Krajinas serbias, que a modo de marcas o marquesados, que ese es el significado de Krajina, habían defendido a Croacia del imperio bizantino primero y del Otomano después. Había que echar a los serbios de Sarajevo pero no a los musulmanes de los enclaves en Serbia. Los militares teníamos prohibido alentar o apoyar desplazamientos de grupos étnicos pero políticamente, más o menos solapadamente lo que se hacía era apoyarlos. Es la historia de la humanidad e invocando la predominancia de determinadas etnias, bien en poder, bien en número, se pretende dominar, destruir o expulsar a las otras. Las masacres de población deben ser impedidas a toda costa, vengan de donde vengan pero puede ser imprudente y hasta inmoral el apoyar a un sector de la población en contra de otro.

Se suele argumentar que se trata de apoyar la democracia pero qué democracia porque a veces lo que se está haciendo es apoyar a un régimen corrupto después de haber derribado a otro. Y en la mayoría de los casos flota en el ambiente el interés económico, más o menos camuflado.

En Irak se derribó a un cruel régimen suní y se ha sustituido por otro chií-kurdo. La violencia no sólo no ha acabado sino que se ha cobrado más vidas que el régimen anterior. ¿Cuáles eran los planes de la coalición para el país? España apoyó la guerra de invasión e incluso estuvo a punto de participar en ella, aunque no lo hizo. Creo que algo pesó el que no se conocían claramente los planes ni los beneficios que se obtendría con ello. Participamos en la reconstrucción o mejor dicho quisimos participar pero ya era difícil, tratamos de apoyar la estabilidad pero nos vimos involucrados, porque fuimos atacados, en combates de la lucha contra la insurgencia. Encima quedamos mal ante nuestros aliados, ante los iraquíes y bastante mal ante nuestro propio pueblo. Militarmente, ni un reproche pero por qué no hubo una política de estado clara. El Ejército no se merecía eso. Sí ya sé, no hace falta que me lo digan. Siempre recordaré cuando me tuve que ir de Bagdad, fueron precisamente mis subordinados americanos e ingleses los que me consolaron diciendo que había que separar las decisiones políticas de las cuestiones militares y que nosotros debíamos acatarlas. No sé lo que pensaron nuestros compañeros cuando tuvieron que evacuar el Sahara donde habían dejado tanta sangre y sudor pero os aseguro que es duro para la mentalidad de un militar el abandonar así una misión.

En Afganistán, lo queramos o no y lo expliquemos así o no, estamos apoyando militarmente a un régimen corrupto como es el de Karzai en su lucha contra la insurgencia. Lo queramos o no, también, allí va a ser imposible instaurar un estado unitario y democrático. Por qué no se ensayan otros modelos por ejemplo de tipo confederal. Somos muy dados a apoyar independencias de naciones que nunca han existido a costa de desmembrar el estado-nación más o menos histórico pero que le daba una cierta coherencia y viabilidad pero en cambio tratamos en otros casos de forzar estados unitarios cuando tampoco han existido nunca como tales. Una cosa es que se exija que se respeten los derechos humanos y otra que se intente instaurar una democracia de corte occidental.

Qué hacemos en el Líbano, por qué tenemos allí una presencia tan importante. Cuáles son nuestros intereses. Por qué nos hemos arrogado esa presencia tan importante. Va a ser, en todo caso una misión muy larga, nuestros aliados, más o menos solapadamente se están yendo. Puede y debe España invertir tanto allí.

No hablemos de Libia, uno de los casos recientes de mayor hipocresía internacional. Se nos hace creer que estamos protegiendo a la población civil pero en realidad estamos apoyando militarmente a un bando, Cirenaica contra el gobierno constituido, Tripoli. Es una verdadera guerra civil de tipo convencional. Con el pretexto de evitar que causen victimas del primero, las estamos causando en el segundo. Mientras tanto España se está gastando el dinero que no tiene, en qué: en mandar aviones en CAP, es decir en sobrevolar el territorio, una fragata y un submarino. Qué garantías existen de que los sublevados vayan a respetar los derechos humanos cuando ya están diciendo que sus leyes van a estar basadas en la sharia islámica. Además, la ONU nunca dijo que había que expulsar a Gadafi. Finalmente, la participación de nuestros militares como casi siempre, haciendo como que hacen pero sin involucrarse decididamente. Lo han hecho otros países pero resulta un tanto ridículo el despliegue aeronaval realizado por España, sólo para asegurar la exclusión aérea y el bloqueo de un país que no posee ni aviación ni marina porque fueron destruidas los primeros días y no por nuestras fuerzas.

Ahora permítanme unas reflexiones sobre el impacto de estas misiones en las FAS españolas: Para las FAS y especialmente para el Ejército de Tierra, las misiones en el exterior, junto con la entrada en la OTAN y la profesionalización, cuestiones que por otra parte están íntimamente relacionadas, han producido y alentado en ellas uno de los cambios más importantes que han tenido lugar en estos últimos 50 años. Para empezar, hemos pasado de unos acuerdos de coordinación con la OTAN de naturaleza principalmente aeronaval, donde un Ejército de Tierra sobredimensionado, mal equipado y nutrido, casi en su totalidad por soldados de recluta obligatoria, se limitaba simplemente a tener prevista la defensa del territorio dentro de nuestras fronteras, se ha pasado, decimos, a convertirse en un Ejército profesional, fundamentalmente de proyección y de tener un carácter secundario a ser el protagonista principal de las misiones de las FAS. Para la Armada y el Ejército del Aire, aunque también han tenido que adaptarse, su transformación no ha sido tan importante. Aun así, nuestra Fuerza Aérea ha tenido que recuperar el apoyo a tierra y la capacidad de transporte. La Armada también ha tenido que adquirir nuevos buques de acción marítima, más ligeros y adecuados para misiones no convencionales. La decisión de nuestro Gobierno de participar en las misiones en el exterior supuso también para nuestras FAS la ocasión de demostrar a todos su perfecta preparación, profesionalidad y sus valores éticos y humanos.

Aunque pueda resultar paradójico ya que estos conflictos han sido designados por muchos autores como conflictos de baja intensidad no por ello requieren una menor preparación de las unidades. Las FAS deben estar dotadas de los medios tecnológicamente más modernos pero teniendo en cuenta que, como dice la última revisión cuatrienal de las FAS americanas, la tecnología no siempre es la respuesta. Se necesita desarrollar mucho más la iniciativa y la formación moral del combatiente individual pues se actúa en pequeños grupos aislados que tendrán que resolver multitud de problemas de muy diversa índole sin otra ayuda que su propia formación y espíritu.

Es bueno que los futuros mandos tengan una formación universitaria pero sobre todo necesitan una formación muy completa en cómo instruir y mandar a sus soldados en este tipo de conflictos, en cómo tratar a la población civil, en cómo negociar y relacionarse con los políticos, los diplomáticos, los medios de comunicación y en como reaccionar con las armas cumpliendo siempre la misión recibida pero evitando bajas propias, daños en la población civil e incluso innecesarias bajas adversarias.

Decíamos que no todo es tecnología pero sí hay que proporcionar a las tropas material moderno. Especialmente son necesarios vehículos protegidos especiales que aunque nunca proporcionarán protección completa pues la eterna lucha de la espada y el escudo, sí aumentarán su seguridad. Son necesarios ya los helicópteros de combate y los medios de inteligencia que se han retrasado excesivamente. Todo ello sin olvidar que las FAS no sólo están para misiones en el exterior y que hay que prever la participación en conflictos convencionales y por lo tanto tener también otros medios.

Suele ser frecuentemente subestimar la cantidad de tropas que se necesitan y se quieren compensar con medios de alta tecnología o con el empleo de la aviación lo cual una y otra vez se ha visto que no es posible siempre pues el adversario se mezcla con la población civil y las acciones contra ellos pueden provocar efectos colaterales y reacciones contraproducentes. En este caso el resultado suele ser un recrudecimiento de la violencia y un “caldo de cultivo” mejor para el adversario. No es lo mismo derrotar a un ejército enemigo en un territorio que controlar éste. Pero, repetimos el intentar cumplir una misión sin fuerzas suficientes ni adecuadas, aparte de poner en riesgo su consecución, pone en riesgo la seguridad de las tropas. Siempre hemos dicho que las fuerzas no son ni muchas ni pocas, depende de la misión y el objetivo a cumplir.

Aquí viene otra reflexión: el diálogo y la compenetración entre el nivel político y el militar deben ser estrechos y basados en la lealtad mutua. El político no debería nunca tomar decisiones sin antes estar seguro de que pueden cumplirse los objetivos claramente identificados, con los medios que se asignan y el militar no debería tener ningún reparo, sino al contrario, con toda lealtad y prudencia pedir aclaraciones sobre el objetivo a alcanzar, así como a hacer saber los riesgos que se corren si no se conceden los medios necesarios para ello. ¡No se trata de la supervivencia de la Patria!

Es preciso no olvidar que el Islamismo radical está presente en muchos de estos conflictos y que tratará de impedir que se cumpla el mandato u objetivo empleando todos sus medios a su alcance que aunque inferiores militarmente sabedores de que el tiempo corre a su favor, tratarán de ir desgastando tenazmente a los medios occidentales, obligándoles a permanecer en la zona, desacreditándolos ante la población local al resaltar sus errores y sus fracasos y creando el cansancio y el descontento en sus naciones de origen. Hay que hacerse a la idea de que estos conflictos son largos y no suele ser posible un éxito rápido. Al contrario, el tiempo juega a favor del adversario y se necesita más que nunca el mantener la moral tanto en los combatientes como en la sociedad que los envía. Hay que mantener la moral de la retaguardia pero no a costa de perjudicar a las tropas como cuando se anuncia la retirada final de las tropas ni de desfigurar la misión..

No querría terminar esta charla sin rendir mi tributo de admiración y agradecimiento a las tropas que han participado y participan en estas misiones y tanto a las españolas como a las extranjeras, especialmente a los muertos y heridos por su entrega y su espíritu.

Mucho se ha escrito y publicado sobre los excesos de las tropas americanas pero poco se ha dicho de su espíritu, viviendo en condiciones precarias en un clima tan adverso, con un material inadecuado, lejos de su país por periodos más prolongados de lo que creían. Hay cosas que no se pueden olvidar: La noche anterior a mi partida, viendo mi tristeza, el general americano que organizaba mi despedida y que había estado conmigo, me dio un fuerte abrazo y me dijo que no me preocupara, que éramos militares y que no éramos responsables de las decisiones políticas. Al día siguiente para ir al aeropuerto y al ver que no tenía ya ni escolta ni vehículos españoles, el brigadier británico me prestó su coche y su escolta. En cambio en España no nos esperaba nadie, ni el Ministro nos recibió al día siguiente ni nunca, ni nadie nos despidió al finalizar la misión. No me produjo indignación sino tristeza. Esto es lo que tenemos.

En cuanto a las tropas españolas no puedo tener más que elogios. En Bosnia estuve con los legionarios primero, con los paracaidistas después y con diversas unidades profesionales. Vi que era verdad que la mejor unidad para misión de paz era una unidad de combate perfectamente instruida. Los denostados legionarios que estuvieron en un tris de ser disueltos debido a su “credo” resultaron ser, como no podía por menos de suceder, unas personas sensibles que arriesgaban e incluso daban su vida por hacer llegar comida o medicinas a los refugiados y a los hospitales.

Para terminar, permítanme la última reflexión: es importante que nuestra Sociedad, que nuestros ciudadanos comprendan estas razones y sientan la Defensa y dentro de ella la Defensa Militar como algo necesario si se quiere lograr un mínimo grado de seguridad pero que tiene un coste tanto material como, lo que es más grave, de vidas humanas. Afortunadamente, nuestros soldados hoy como ayer están dispuestos a cumplir con su deber en defensa de la Seguridad Nacional e Internacional y por lo tanto de la paz, aunque en ello les vaya la vida. Ya no son el “pueblo en armas” pero sí las “armas del pueblo” y el pueblo español tiene razones para sentirse orgulloso de todos ellos. A cambio sólo piden que se reconozca su labor y que se sientan apoyados por la sociedad de la que forman parte, de su nación, de su patria.

Finalmente me gustaría tener un recuerdo para todos los españoles que participan y han participado en las misiones en el exterior, especialmente a los que han dejado su vida en ellas.