A nadie se le oculta que hay temas que comportan un plus de peligrosidad. El que se atreve a tocarlos ha de contar, primero, con el riesgo de que se le malentienda y, segundo, con la recepción asegurada de una o varias andanadas procedentes de izquierda y derecha. Hablando, claro está, en el estricto sentido espacial de los términos.