El próximo día 17 se celebrarán nuevas elecciones al Parlamento griego en un ambiente de alta tensión por las consecuencias que podrían acarrear una victoria de la “non santa” alianza anti-europea y la eventual salida de Grecia del euro. Soy más bien pesimista cualquiera que sea el resultado, pues nadie puede ser salvado contra su voluntad. Me viene a la mente la famosa copla “ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio. Contigo porque me matas y sin ti porque me muero”.
Grecia en su laberinto
Grecia se ha ganado a pulso la situación crítica en que se encuentra y en la que ha colocado a la Eurozona, pues el cáncer griego ha hecho metástasis y afectado los tejidos más débiles de este organismo. Nunca se tomó excesivamente en serio la CE y, durante la negociación para su ingreso en la Comunidad, puso pocos reparos a la Comisión y dijo amén a sus exigencias, salvo en lo relativo a sus importantes intereses navieros. Así, mientras España y Portugal -que pugnaban por atenuar las condiciones leoninas de la Comisión- tardaron años en entrar, Grecia lo consiguió en meses Su objetivo era acceder a la CE antes que Turquía para poder impedir o condicionar el acceso de ésta y proteger a “su” Chipre. Colocó sus intereses particulares por encima de los comunes al forzar el ingreso de la República chipriota, pese a su conflicto con la parte turca de la isla, que había declarado la independencia.
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