Hace años un buen amigo mío proponía, ante un grupo de regocijados contertulios, que las dos luces, verde y ámbar, que lucían al frente del estrado de los oradores en nuestro parlamento nacional (no sé si ahora habría que suprimir o cambiar el adjetivo) fueran sustituidas por una sola y de color rojo, que accionada por un detector de mentiras conectado al orador, se encendiera escandalosamente cada vez que éste mintiera en su parlamento. Creo sin temor a equivocarme que si fuera posible convertir en realidad tal propuesta, habría que hacer un acopio extraordinario de bombillas ya que la afición de nuestros políticos a mentir y la total irresponsabilidad y frecuencia con que lo hacen, probablemente mantendrían tanto tiempo encendida la bombilla que ésta se fundirían con alarmante frecuencia.