La aparición de algunos partidos radicales en el panorama sociopolítico español, debido sin lugar a dudas a la muy notable degeneración de nuestro sistema democrático, no sólo afectado por múltiples ejemplos de corrupción política sino porque también ha sufrido su apropiación por parte de los partidos políticos que han venido ostentando a lo largo de los últimos años un papel de protagonismo que les ha llevado a la práctica exclusividad en el ejercicio de todos los poderes, enfrenta en estos momentos a la sociedad española a una situación singular y extraordinariamente delicada.
Epicteto
Recordando lo evidente
Todo momento en la vida de una sociedad tiene una dimensión histórica y una dimensión meramente circunstancial o social. La dimensión histórica la da el hecho de que cada uno de esos momentos forma irremisiblemente parte de la cadena de hechos que constituye nuestra historia. Se engarza con nuestro pasado y prepara nuestro futuro. La dimensión circunstancial la da la manera como el cuerpo social vive el momento y los valores que se generan, se modifican, se promocionan o desaparecen en dicho momento.
Tiro desviado (por poco, pero desviado)
Hace unos días, un ilustre historiador escribía un estupendo artículo en la página de Opinión del diario El País. Glosaba, con pluma certera, el paralelismo terrible de dos protagonistas nefandos de la primera mitad del siglo XX: Hitler y Stalin. Y lo glosaba con hechos y datos incontrovertibles, aun pasando, como sobre ascuas, por encima de algunos detalles curiosos, como que la espoleta que desencadenó la II Guerra Mundial –la invasión de Polonia por los alemanes– en realidad fuera una invasión conjunta y coordinada de alemanes y soviéticos.
Boca abajo
Aunque algunos dicen que también el elefante, admitamos que el Homo Sapiens es el único animal que tiene consciencia de su propia finitud; de su muerte. Y este no pequeño hecho es causa de muchos de nuestros comportamientos. El más primario es el miedo a perder lo único que tenemos, la vida. Por ello, todas las religiones proporcionan un atenuante a este temor ofreciendo una inmortalidad que dota de significado a la vida, al describir otro destino diferente a la mera desaparición física.
Ni palabra ni firma… ¿Queda algo?
Cuando yo iba al colegio, hace ya muchísimos años, desgraciadamente, era corriente entre nosotros, los estudiantes de entonces, cuando alguno planteaba un asunto que costaba creer, la siguiente pregunta:
– ¿Me das tu palabra?
De nuevo ha sucedido
Se atribuye a Teresa de Cepeda la frase “en tiempos de tribulación no hacer mudanza”, que muchos han vulgarizado aplicándola a la vida corriente y a la indeseabilidad de introducir cambios importantes (generalmente legislativos) al socaire de acontecimientos que hayan despertado la alarma social. “Legislar en caliente” se llama a eso en el lenguaje periodístico.
Corruptos y corruptores
Es un hecho que, desgraciadamente, a estas alturas no necesita justificación, que no hay día en el que nuestros medios de comunicación, particularmente la prensa escrita, no dedique buena parte de su información a la corrupción, especialmente en lo referente a nuestra clase política. En torno a la corrupción, sin embargo, hay algunos conceptos que conviene aclarar: corruptor es el que corrompe y corrupto el que se deja corromper.
Eufemismos sobre las Fuerzas Armadas
El Diccionario de la RAE define como eufemismo a “la manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Otra forma de denominar esta forma de proceder es lo que se conoce como “emplear el lenguaje políticamente correcto”. Esto es lo que ocurre cuando nuestros políticos, y desgraciadamente algunos mandos, se refieren a las misiones y actuaciones de nuestras Fuerzas Armadas (FAS). Veamos algunos ejemplos.
Mentirolandia
Hace años un buen amigo mío proponía, ante un grupo de regocijados contertulios, que las dos luces, verde y ámbar, que lucían al frente del estrado de los oradores en nuestro parlamento nacional (no sé si ahora habría que suprimir o cambiar el adjetivo) fueran sustituidas por una sola y de color rojo, que accionada por un detector de mentiras conectado al orador, se encendiera escandalosamente cada vez que éste mintiera en su parlamento. Creo sin temor a equivocarme que si fuera posible convertir en realidad tal propuesta, habría que hacer un acopio extraordinario de bombillas ya que la afición de nuestros políticos a mentir y la total irresponsabilidad y frecuencia con que lo hacen, probablemente mantendrían tanto tiempo encendida la bombilla que ésta se fundirían con alarmante frecuencia.
Queremos
Atravesamos en nuestro país una situación complicada y confusa, no tanto en el orden económico, sino especialmente en el orden social y político. Parece que el detonante de la perturbación, ya en vías de lenta pero poco cuestionable solución, ha sido una crisis económica que ha servido de catalizador para que salieran a la superficie otras que, aunque larvadas, se habían ido agudizando a lo largo de los últimos tiempos y que pueden ser más importantes y trascendentes que la económica.